Ana Cecilia Espinoza C.
aespinoza@elecocatolico.org
Los ángeles, hoy como ayer, permanecen como los grandes mensajeros de lo invisible. En la Sagrada Escritura se les menciona, y la Iglesia reconoce su existencia, pero ¿cómo se nos dan a conocer?, ¿mediante iluminación, sonidos u otros símbolos?, ¿por medio de visiones…?
Se trata de un tema que despierta las emociones de miles de personas, muchos de ellos creyentes católicos, que han convertido en una “necesidad vital” sentir “materialmente” la presencia de estos seres divinos.
Actualmente es incluso un asunto de moda con despliegue mediático incluido, que genera, también en nuestro país, todo un movimiento económico alrededor de “talleres” y “cursos” sobre ángeles donde no siempre se siguen las enseñanzas de la Iglesia.
Por ejemplo, aparte del “contenido sensorial de las experiencias angelicales”, se personifica a los ángeles con atributos y acciones divinas, cayendo en vestigios de un paganismo primitivo o en elementos de ideologías orientales y hasta de la Nueva Era.
Servidores de Dios
La palabra “Ángel” viene del griego “mensajero”, pues se les considera mensajeros de Dios. Son seres inmortales, criaturas puramente espirituales cuya función es servir a Dios, Su Creador y obedecer solamente la Voluntad Divina.
La doctrina de la Iglesia, basada en la Divina Revelación admite la realidad de los ángeles en la Sagrada Escritura, dando testimonio desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, de su existencia y mostrando los oficios que ellos desempeñan como servidores de Dios y mensajeros suyos para ayudar a los hombres y mujeres.
El Obispo emérito colombiano Alfonso Uribe Jaramillo quien falleció en 1993, argumenta en su obra “Ángeles y Demonios”, cómo la liturgia de la Iglesia hace alusión testimonial acerca de los Ángeles, así como el Concilio Vaticano II se refiere a ellos en su Constitución sobre la Iglesia: “La razón natural no puede probar con rigor la existencia de los ángeles, pues éstos fueron creados por una libre decisión de la voluntad divina. Más la serie en que van ascendiendo las perfecciones existentes de las criaturas (seres puramente materiales, seres compuestos de materia y espíritu) nos permite deducir con suma probabilidad la existencia de seres creados, puramente espirituales”.
La Iglesia celebra el 29 de setiembre la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y el 2 de octubre la de los santos ángeles de la guarda…
¿Cómo son los ángeles?
Isabel de Tenreiro, escritora católica e investigadora del tema, señala que dentro del marco de las tradiciones judeocristianas se afirma que, entre Dios y el hombre, existe una serie de seres “intermedios”, es decir, a mitad de camino, entre lo humano y lo divino: “Estos seres son las existencias angélicas que, poseyendo diferentes niveles, su jerarquía estaría determinada por nivel de proximidad a Dios”.
Tenreiro confirma el renovado interés de movimientos espiritualistas (New Age) que combinan tradiciones interreligiosas de diversas fuentes, para redescubrir la creencia en los seres angelicales: “Aparecen así, ritos asociados al culto a los ángeles, combinados además por a otras prácticas de tipo esotérico-místicas de marcado perfil mágico e incluso animista”.
Por su parte, Jaramillo explica que los ángeles tienen una naturaleza puramente espiritual, es decir, que carecen de materia y que no están ordenados a vivir en un cuerpo: “La Sagrada Escritura llama en varios pasajes a los ángeles, espíritus: “¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?
(Hebreos1,14)”.
Por naturaleza, son seres espirituales carentes de materia, por lo tanto inmortales, asegura el autor: “El Señor aludió a esta inmortalidad cuando hablando de los resucitados dijo en Lc 20,36: “ya no pueden morir, son semejantes a los ángeles”. Entonces, la inmortalidad angélica no es un don de la gracia, sino una consecuencia necesaria de su entorno espiritual.
Como también apunta el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por el Papa Benedicto XVI en el año 2005: “Los ángeles son criaturas divinas enviadas por Dios para cuidarnos. Ellos tienen la misión de proteger el camino de la humanidad y al igual que los seres humanos, pueden ser castigados si no cumplen con el mandato”.
Según explica Tenreiro, los ángeles de Dios son los que permanecieron fieles a El y no están en este mundo para responder a los deseos o caprichos de los hombres.
“Los falsos apóstoles engañadores se disfrazan de apóstoles de Cristo... y el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2a. Cor. 11, 13-14).
Afirma la investigadora que los ángeles pueden -pero solamente si Dios así lo desea- servir de ayuda especial al hombre: “Como vemos en algunas narraciones de la Sagrada Escritura, en el caso de Tobías, que fue acompañado por el Arcángel Rafael, sin darse cuenta de quien era su compañero (Tobías 5, 12). O también pueden servir de mensajeros, como fue el Arcángel Gabriel para la Santísima Virgen María en la Anunciación (Lucas I, 26-27) y a San José cuando le habló en sueños en dos oportunidades (Mateo 1, 18-24 y 2, 13-15)”.
Ojo con los “contactos”
Lo que si queda claro, según Tenreiro, es que las corrientes que se están propagando por el mundo en aras de fomentar la “comunicación directa” con “ángeles” se encuentran muy alejadas del verdadero concepto cristiano de lo que son estos seres de Dios: “puesto que la forma de hacer estos contactos con “ángeles” puede variar de un sitio a otro o entre los diferentes grupos, en general.
Según estos movimientos, los ángeles son “esferas de luz”, “energía pura”, dispuestos a establecer contacto con los hombres a través de técnicas ocultistas claramente enmarcadas dentro del New Age, tales como meditaciones paganas, repetición de “mantras”, apertura de “chakras”, entre otras, para entrar en la “vibración angélica”.
La autora insiste en que los católicos sabemos que los ángeles de Dios no están para responder a los deseos y caprichos de los hombres, ni mucho menos están esperando ser contactados a través de prácticas esotéricas: “También sabemos que Satanás y sus demonios si se disfrazan de “Ángeles de Luz” (2a Cor. 11,14), y que están prestos a proponernos engaños y a complacernos en todo lo que pueda alejarnos de la Voluntad Divina”.
¿Hay que creer en los ángeles?
Muchas personas sonríen con la idea, hasta ahora familiar en la tradición cristiana, de que espíritus sometidos a Dios puedan intervenir en nuestra existencia bien para ayudarnos, como en el caso de los ángeles “buenos” -los de la guarda- o bien para hacernos daño como en el caso de los demonios…
Hoy, ante tanta violencia y desigualdad y un mundo que se descubre cada vez más cerrado sobre sí mismo, no es sorprendente que llamemos a estos seres divinos en nuestra ayuda, pero como sucede con el culto a los santos, la devoción a los ángeles no tiene razón de ser ni sentido, en la fe de la Iglesia, más que si nos ayuda la volvernos más aún hacia Jesús, y a llevarnos a vivir más intensamente según su Evangelio.
Monseñor Jaramillo expone en su libro que “el día de la Ascensión, los mismos ángeles recomendaron a los apóstoles, más que elevaran la vista al cielo esperando una visión, que regresaran donde sus hermanos. Era a ellos a los que correspondía en los sucesivo –como a nosotros hoy- convertirse en ángeles: en absoluto en seres sólidos, en cuerpos sutiles, sino en “mensajeros de Dios “ para sus hermanos”. Por tanto, cada persona se convertirá en ángel en cada ocasión que sea artesano de comunión y exportador de una palabra de libertad en esta Tierra.
Los ángeles de Dios no están para obedecer a los hombres, obedecen solamente las órdenes de su Creador y sólo a El sirven. La primera monografía acerca de los ángeles la hizo Dionisio Aeropagita durante el año 500. También San Agustín y San Gregorio Magno realizaron profundos estudios acerca de los ángeles. Desde entonces se enumeran nueve coros u órdenes angélicos, fundándose en los nombres que cita la Sagrada Escritura; cada tres coros de ángeles constituyen una jerarquía: serafines, querubines y tronos; dominaciones, virtudes y potestades, principados, arcángeles y ángeles.
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