miércoles, 10 de diciembre de 2008

EL PERDON

Perdonar: El primer paso hacia la sanación

Virgen Maria

"Perdonar es el camino de la sanación...es el dejar marchar la dureza que se tenía hacia una persona ; soltando todas esas cosas que abrigábamos contra esa persona y soltándola de ese vínculo...perdonar es un proceso que dura toda la vida y se va recibiendo la gracia en cada momento."

Nota: Tomado del libro Sanación Intergeneracional, por el Padre Robert DeGrandis S.S.J. y Linda Schubert.

"La sanación interior total solo puede ocurrir, cuando perdonamos a aquellos que nos han herido, cuando le entregamos por completo al Señor nuestras heridas del pasado. Sea cual sea la experiencia que has tenido, las heridas que hayas sufrido, Jesús quiere curarlas y sanar tu corazón roto. (Ver el Salmo 147:3) Quiere llenar el vacío que hay en tu vida con Su amor. Quiere liberarte de todo cautiverio para que puedas sentirte realizado (a). Después que le hayas pedido a Dios que te libere, después que le hayas orado para que rompa todas las cadenas que te han atado, después que Él haya limpiado todas tus heridas de las cosas que las infectaban, después que hayas perdonado a todos los que te hirieron; estarás listo (a) para pedirle a Jesús que sane tus recuerdos dolorosos. ¡Y la noticia maravillosa, gloriosa, es que Él sanará todas tus heridas!"

Nota: Tomado del libro Forgiveness & Inner Healing, por el Padre Robert DeGrandis S.S.J. y Betty Tapscott.

"El perdón, ciertamente, no surge en el hombre de manera espontánea y natural. Perdonar sinceramente en ocasiones puede resultar heroico. Aquellos que se han quedado sin nada por haber sido despojados de sus propiedades, los prófugos y cuantos han soportado el ultraje de la violencia, no pueden dejar de sentir la tentación del odio y de la venganza. La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su primer origen en Dios-Amor. La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios." (Juan Pablo II, l-l-97)

¿Qué significa perdonar?

"Perdonar no es lo mismo que justificar, excusar u olvidar. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse. La reconciliación exige que dos personas que se respetan mutuamente, se reúnan de nuevo. El perdón es la respuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella. Uno puede perdonar y sin embargo no reconciliarse, como en el caso de una esposa continuamente maltratada por su compañero." ("A definition of forgiveness", por Robert Enright, "The World of Forgiveness", octubre/noviembre de l996.)

"El perdón permite liberarse de todo lo soportado para seguir adelante. Usted se acuerda del frío del invierno, pero ya no tiembla porque ha llegado la primavera".

"El perdón opera un cambio de corazón. Debemos ponerle fin al ciclo del dolor por nuestro propio bien y por el bien de futuras generaciones. Es un regalo que debemos proporcionarles a nuestros hijos. Podemos pasar del dolor a la compasión. Cuando perdonamos, reconocemos el valor intrínseco de la otra persona".

"El perdonar no borra el mal hecho, no quita la responsabilidad al ofensor por el daño hecho ni niega el derecho a hacer justicia a la persona que ha sido herida. Tampoco le quita la responsabilidad al ofensor por el daño hecho... Perdonar es un proceso complejo. Es algo que sólo nosotros mismos podemos hacer...Paradójicamente, al ofrecer nuestra buena voluntad al ofensor, encontramos el poder para sanarnos...Al ofrecer este regalo a la otra persona, nosotros también lo recibimos."

Nota: Tomado de Excerpts from the talks at the National Conference on Forgiveness, Universidad de Wisconsin-Madison, marzo de l995.

¿Por qué debemos perdonar?

Un psicólogo norteamericano, Robert Enright, afirmó que las personas que han sido profunda e injustamente heridas pueden sanar emocionalmente perdonando a su ofensor. El insigne fraile dominico Henri Lacordaire dijo: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona".

Un discípulo de Jesús le preguntó: "¿Maestro, cuántas veces he de perdonar a mi hermano? ¿Siete veces?" "Siete veces no, setenta veces siete", le contestó Jesús. Perdonar es un don de Dios. La oración sincera, procedente de un corazón limpio de pecado, ayuda a "desmantelar" la ofensa, a perdonar al que nos hirió.

Los primeros pasos hacia el perdón

A menudo una mujer que ha sido víctima de maltratos físicos o emocionales durante mucho tiempo, siente ira contra sí misma por todo lo que permitió que le sucediera. La primera persona a quien ella debe perdonar es a sí misma.

"Para poder perdonar a su agresor, la víctima debe comprender que lo sucedido fue una ofensa. Debe reconocer que ella es tan valiosa como todas las demás personas, y que sus necesidades y sentimientos son importantes. Si intenta perdonar antes de valorarse, su perdón no será apropiado. Hasta que la víctima comprenda el valor que tiene como persona, no se respetará a sí misma." ("Forgiveness and the intrinsic value of persons", Margaret R. Holmgren, American Philosophical Quarterly, octubre de l993.)

"Desde el punto de vista psicológico, según el psiquiatra norteamericano Richard Fitzgibbon, hay tres formas básicas de lidiar con la ira: l. Negarla. 2. Expresarla de muchas maneras mientras pretendemos que no estamos ofendidos. 3. Perdonar. El Dr. Fitzgibbon y otros psiquiatras y psicólogos, aplican una terapia que induce al paciente a perdonar, y comprueban que hay una mejoría considerable. Aquí se ve que la verdadera Ciencia coincide con el Evangelio de Cristo. Estos son los pasos terapéuticos que ellos recomiendan:

l. Confrontar la rabia interior, la vergüenza, la herida. La persona puede estar deprimida sin saber por qué, hasta que descubre la causa, oculta por muchos años o sólo por horas.

2. Reconocer la fuente de la herida, y descubrir el porqué.

3. Elegir perdonar. Aunque haya base para la ira y la venganza, no se elige eso, sino perdonar. Y no tiene que ser sólo por motivos religiosos, sino también por instinto de conservación: le va a hacer bien psíquica y físicamente.

4. Buscar una nueva forma de pensar sobre esa persona que nos ha hecho mal. Cuando lo hacemos, por lo general descubrimos que es un ser vulnerable, probablemente con heridas.

"Debemos liberarnos del dominio que la persona que nos ha herido ejerce todavía sobre nosotros mediante nuestro odio. Perdonar libera la memoria y nos permite vivir en el presente, sin recurrencias constantes al pasado doloroso.

"Todo insulto recibido puede convertirse en una nueva oportunidad de crecimiento interior, una gracia que nos envía Dios, porque al perdonar somos canales de Su misericordia. Pero además, como dice el "Padre Nuestro", la oración que el mismo Cristo nos enseñó, cuando perdonamos también nosotros somos perdonados por Dios. Si rabiamos por una ofensa, si planeamos vengarnos por un insulto, si el odio se aloja en nuestra alma, el adversario (Satanás), habrá ganado la batalla arrastrándonos al mal mayor."

Nota: Esta información fue tomada del artículo escrito por Dora Amador y publicado en "El Nuevo Herald", junio 5 de l997.

A la pregunta sobre por qué perdonar, los creyentes respondemos que la experiencia de haber sido perdonados muchas veces por Dios nos compromete a perdonar a nuestros semejantes.

Para comprender mejor lo que significa pedir perdón y perdonar

"Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó". (Mark Twain)

"Pedir perdón no es lo mismo que disculparse, porque disculparse es excusar los motivos por los cuales uno ejecutó una acción con el objeto de que la persona afectada por ella pueda comprenderla. Pedir perdón es asumir la totalidad de nuestra falta, con toda ella, y sentir todo el mal que produjo, decir que aunque no puedas del todo repararla, te produjo dolor la acción, lo sientes, estás arrepentido, y quieres de vuelta procurar lo bueno... La estatura humana del perdón por ello es mucho más alta y propia de los grandes, y necesaria en los cristianos porque hemos sido perdonados desde antes de existir, y así como perdonemos se nos perdonará". ("El perdón", C.S.Lewis)

"Un conocido teólogo escribió que ' Los santos, muchas veces al rezar tartamudeaban. Este tartamudeo es más agradable a Dios que las frases retóricas, por más bellas y brillantes que puedan ser '. Muchas veces nos cuesta pedir disculpas a nuestros amigos, compañeros... por un mal acto que hemos cometido. Pedir perdón por una mala acción es la forma más poderosa de demostrar nuestra humildad y honestidad. Sería interesante que hoy recordaras a aquellas personas con las cuales mantienes una enemistad por culpa tuya. ¡Reconcíliate con ellas con palabras fáciles y honestas y si hace falta tartamudea! Hay una frase increíble que te ayudará a pensar: 'El perdón de las flores es tan bonito que llegan incluso a perfumar a aquél que las aplasta con la mano' ".

"Perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor, sin amargura, sin la herida abierta; perdonar es recordar sin andar cargando eso, sin respirar por la herida, entonces te darás cuenta que has perdonado.

"En una parte del Padre Nuestro Dios nos dice: ' perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden'. Perdonar, es una decisión que deja en libertad tu corazón, y deja limpia toda herida, la amargura en ti ya no reinará. Si tú quieres experimentar el perdón del Señor, debes primero perdonar.

"Dios dijo: 'Yo soy la vid y ustedes la rama, ustedes lejos de mí no pueden hacer nada' y nada incluye todo, incluye perdonar. Dejemos que Dios nos ayude con nuestra decisión de perdonar. No fuimos hechos para odiar, sino para amar ..." (R.C.A.N.)

"Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede incluso transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación. Éste es un desafío que concierne a cada individuo, pero también a las comunidades, a los pueblos y a la entera humanidad. Afecta, de manera especial, a las familias. No es fácil convertirse al perdón y a la reconciliación. Reconciliarse puede resultar problemático cuando en el origen se encuentra una culpa propia. Si en cambio la culpa es del otro, reconciliarse puede incluso ser visto como una irrazonable humillación. Para dar semejante paso es necesario un camino interior de conversión; se precisa el coraje de la humilde obediencia al mandato de Jesús. Su palabra no deja lugar a dudas: no sólo quien provoca la enemistad, sino también quien la padece debe buscar la reconciliación (cfr. Mt 5, 23-24). Juan Pablo II ." (Extracto del Mensaje de Cuaresma 2001 de Juan Pablo II. )

"Perdonar y pedir perdón, es dejar que actúe el Espíritu en el lugar donde existe nuestro orgullo y nuestro resentimiento."(Anónimo)

Nota: Este último texto fue preparado por el Instituto Tomás Moro en Asunción, Paragüay y se reproduce con su autorización.

"Dios nos mira más allá de nuestros pecados con mucho amor...Cuanto más vemos y sentimos su bondad, más nos enamoramos de Él. En cuanto más nos enamoramos de Él, nuestras vidas automáticamente se van alineando con Él. Toda sanación en nuestras vidas fluye de esta relación amorosa. Al entrar en un profundo conocimiento de su amor, es cuando, de hecho, nos sanamos y tenemos la experiencia más sutil de la unión con Él, sabiendo que su amor puede transformar las más profundas heridas. "

lunes, 10 de noviembre de 2008

LOS ANGELS DE DIOS

Ana Cecilia Espinoza C.
aespinoza@elecocatolico.org

Los ángeles, hoy como ayer, permanecen como los grandes mensajeros de lo invisible. En la Sagrada Escritura se les menciona, y la Iglesia reconoce su existencia, pero ¿cómo se nos dan a conocer?, ¿mediante iluminación, sonidos u otros símbolos?, ¿por medio de visiones…?

Se trata de un tema que despierta las emociones de miles de personas, muchos de ellos creyentes católicos, que han convertido en una “necesidad vital” sentir “materialmente” la presencia de estos seres divinos.

Actualmente es incluso un asunto de moda con despliegue mediático incluido, que genera, también en nuestro país, todo un movimiento económico alrededor de “talleres” y “cursos” sobre ángeles donde no siempre se siguen las enseñanzas de la Iglesia.

Por ejemplo, aparte del “contenido sensorial de las experiencias angelicales”, se personifica a los ángeles con atributos y acciones divinas, cayendo en vestigios de un paganismo primitivo o en elementos de ideologías orientales y hasta de la Nueva Era.


Servidores de Dios

La palabra “Ángel” viene del griego “mensajero”, pues se les considera mensajeros de Dios. Son seres inmortales, criaturas puramente espirituales cuya función es servir a Dios, Su Creador y obedecer solamente la Voluntad Divina.

La doctrina de la Iglesia, basada en la Divina Revelación admite la realidad de los ángeles en la Sagrada Escritura, dando testimonio desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis, de su existencia y mostrando los oficios que ellos desempeñan como servidores de Dios y mensajeros suyos para ayudar a los hombres y mujeres.

El Obispo emérito colombiano Alfonso Uribe Jaramillo quien falleció en 1993, argumenta en su obra “Ángeles y Demonios”, cómo la liturgia de la Iglesia hace alusión testimonial acerca de los Ángeles, así como el Concilio Vaticano II se refiere a ellos en su Constitución sobre la Iglesia: “La razón natural no puede probar con rigor la existencia de los ángeles, pues éstos fueron creados por una libre decisión de la voluntad divina. Más la serie en que van ascendiendo las perfecciones existentes de las criaturas (seres puramente materiales, seres compuestos de materia y espíritu) nos permite deducir con suma probabilidad la existencia de seres creados, puramente espirituales”.

La Iglesia celebra el 29 de setiembre la fiesta de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y el 2 de octubre la de los santos ángeles de la guarda…


¿Cómo son los ángeles?

Isabel de Tenreiro, escritora católica e investigadora del tema, señala que dentro del marco de las tradiciones judeocristianas se afirma que, entre Dios y el hombre, existe una serie de seres “intermedios”, es decir, a mitad de camino, entre lo humano y lo divino: “Estos seres son las existencias angélicas que, poseyendo diferentes niveles, su jerarquía estaría determinada por nivel de proximidad a Dios”.

Tenreiro confirma el renovado interés de movimientos espiritualistas (New Age) que combinan tradiciones interreligiosas de diversas fuentes, para redescubrir la creencia en los seres angelicales: “Aparecen así, ritos asociados al culto a los ángeles, combinados además por a otras prácticas de tipo esotérico-místicas de marcado perfil mágico e incluso animista”.

Por su parte, Jaramillo explica que los ángeles tienen una naturaleza puramente espiritual, es decir, que carecen de materia y que no están ordenados a vivir en un cuerpo: “La Sagrada Escritura llama en varios pasajes a los ángeles, espíritus: “¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?
(Hebreos1,14)”.

Por naturaleza, son seres espirituales carentes de materia, por lo tanto inmortales, asegura el autor: “El Señor aludió a esta inmortalidad cuando hablando de los resucitados dijo en Lc 20,36: “ya no pueden morir, son semejantes a los ángeles”. Entonces, la inmortalidad angélica no es un don de la gracia, sino una consecuencia necesaria de su entorno espiritual.

Como también apunta el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica promulgado por el Papa Benedicto XVI en el año 2005: “Los ángeles son criaturas divinas enviadas por Dios para cuidarnos. Ellos tienen la misión de proteger el camino de la humanidad y al igual que los seres humanos, pueden ser castigados si no cumplen con el mandato”.

Según explica Tenreiro, los ángeles de Dios son los que permanecieron fieles a El y no están en este mundo para responder a los deseos o caprichos de los hombres.
 “Los falsos apóstoles engañadores se disfrazan de apóstoles de Cristo... y el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2a. Cor. 11, 13-14).
Afirma la investigadora que los ángeles pueden -pero solamente si Dios así lo desea- servir de ayuda especial al hombre: “Como vemos en algunas narraciones de la Sagrada Escritura, en el caso de Tobías, que fue acompañado por el Arcángel Rafael, sin darse cuenta de quien era su compañero (Tobías 5, 12). O también pueden servir de mensajeros, como fue el Arcángel Gabriel para la Santísima Virgen María en la Anunciación (Lucas I, 26-27) y a San José cuando le habló en sueños en dos oportunidades (Mateo 1, 18-24 y 2, 13-15)”.


Ojo con los “contactos”

Lo que si queda claro, según Tenreiro, es que las corrientes que se están propagando por el mundo en aras de fomentar la “comunicación directa” con “ángeles” se encuentran muy alejadas del verdadero concepto cristiano de lo que son estos seres de Dios: “puesto que la forma de hacer estos contactos con “ángeles” puede variar de un sitio a otro o entre los diferentes grupos, en general.

Según estos movimientos, los ángeles son “esferas de luz”, “energía pura”, dispuestos a establecer contacto con los hombres a través de técnicas ocultistas claramente enmarcadas dentro del New Age, tales como meditaciones paganas, repetición de “mantras”, apertura de “chakras”, entre otras, para entrar en la “vibración angélica”.

La autora insiste en que los católicos sabemos que los ángeles de Dios no están para responder a los deseos y caprichos de los hombres, ni mucho menos están esperando ser contactados a través de prácticas esotéricas: “También sabemos que Satanás y sus demonios si se disfrazan de “Ángeles de Luz” (2a Cor. 11,14), y que están prestos a proponernos engaños y a complacernos en todo lo que pueda alejarnos de la Voluntad Divina”.


¿Hay que creer en los ángeles?

Muchas personas sonríen con la idea, hasta ahora familiar en la tradición cristiana, de que espíritus sometidos a Dios puedan intervenir en nuestra existencia bien para ayudarnos, como en el caso de los ángeles “buenos” -los de la guarda- o bien para hacernos daño como en el caso de los demonios…

Hoy, ante tanta violencia y desigualdad y un mundo que se descubre cada vez más cerrado sobre sí mismo, no es sorprendente que llamemos a estos seres divinos en nuestra ayuda, pero como sucede con el culto a los santos, la devoción a los ángeles no tiene razón de ser ni sentido, en la fe de la Iglesia, más que si nos ayuda la volvernos más aún hacia Jesús, y a llevarnos a vivir más intensamente según su Evangelio.

Monseñor Jaramillo expone en su libro que “el día de la Ascensión, los mismos ángeles recomendaron a los apóstoles, más que elevaran la vista al cielo esperando una visión, que regresaran donde sus hermanos. Era a ellos a los que correspondía en los sucesivo –como a nosotros hoy- convertirse en ángeles: en absoluto en seres sólidos, en cuerpos sutiles, sino en “mensajeros de Dios “ para sus hermanos”. Por tanto, cada persona se convertirá en ángel en cada ocasión que sea artesano de comunión y exportador de una palabra de libertad en esta Tierra.

Los ángeles de Dios no están para obedecer a los hombres, obedecen solamente las órdenes de su Creador y sólo a El sirven. La primera monografía acerca de los ángeles la hizo Dionisio Aeropagita durante el año 500. También San Agustín y San Gregorio Magno realizaron profundos estudios acerca de los ángeles. Desde entonces se enumeran nueve coros u órdenes angélicos, fundándose en los nombres que cita la Sagrada Escritura; cada tres coros de ángeles constituyen una jerarquía: serafines, querubines y tronos; dominaciones, virtudes y potestades, principados, arcángeles y ángeles.

sábado, 25 de octubre de 2008

jueves, 18 de septiembre de 2008

hablemos del Espiritu Santo

Padre, Hijo y Espíritu Santo